Libro que describe un México remoto de gran riqueza natural e historia.
ISBN: 978-970-764-960-6

Indice

INTRODUCCIÓN

ANTECEDENTES

Expedición previa

El tsunami de Asia

Probablemente la última isleña

Día 1, miércoles 13-04. Inicia la travesía

Día 2, jueves 14-04

Día 3, viernes 15-04. Un despertar fantasmal

Clipperton a la vista

Una isla legendaria

El capitán Arnaud

La tragedia

Día 4, sábado 16-04. Un merecido homenaje

Día 5, domingo 17-04. Vida insular

La primera aventura

Día 6, lunes 18-04. Último día en Clipperton

Futuro incierto

Día 7, martes 19-04. De regreso a México

Historias de La Nao

Riquezas insospechadas

Piratas del siglo 21

Día 8, miércoles 20-04. De pesca a la francesa

Día 9, jueves 21-04. Circundando Clarión

Día 10, viernes 22-04. Explorando en Clarión

Día 11, sábado 23-04. Último día en Clarión

Día 12, domingo 24-04. Roca Partida

Día 13, lunes 25-04. Isla Socorro

Día 14, martes 26-04. En busca de vestigios

Día 15, miércoles 27-04. Último día en Socorro

Día 16, jueves 28-04. San Benedicto

Día 17, viernes 29-04. Camino a la península

Cabo San Lucas


Día 18, sábado 30-04. Marea de fondo

Día 19, domingo 1-05. Rocas Alijos

Día 20, lunes 2-05. Día de ballenas

Día 21, martes 3-05. Isla Guadalupe

Día 22, miércoles 4-05. Último día en Guadalupe

Día 23, jueves 5-05. Rumbo a Coronado

Día 24, viernes 6-05. Islas Coronado

Día 25, sábado 7-05. Ensenada

CONCLUSIONES
 

RESUMEN DE LA TRAVESÍA

LISTADO DE ESPECIES ANIMALES REFERIDAS

AGRADECIMIENTOS


COLABORADORES

DEDICATORIA

BIBLIOGRAFÍA

Introducción



Con una superficie de 478 kilómetros cuadrados, la turística Cozumel es la isla marina mexicana con mayor densidad de población y también la más representativa. No obstante, el país posee cientos de islas dispersas en el Caribe, Golfo de México, Océano Pacífico y Mar de Cortés. Es precisamente en este último lugar donde se concentra la mayoría, y ahí mismo, frente a la costa de Sonora, se encuentra Isla Tiburón, que con 1200 kilómetros cuadrados de extensión es la más grande de México.

            Quizá por su situación geográfica o por su escasa importancia económica, algunas islas mexicanas han permanecido olvidadas; ese descuido histórico ha motivado innumerables incidentes transgresores de la soberanía nacional. Al respecto cabe recordar que luego de perder la guerra contra Estados Unidos (1848), México tuvo que firmar los tristemente célebres Tratados de Guadalupe Hidalgo, documentos que obligaron al país a ceder más de la mitad de su territorio, incluidas varias islas frente al litoral de Texas. Poco después, nuestro siempre oportunista vecino se apropió ilegalmente del Archipiélago del Norte, ocho islas ubicadas frente a la Alta California, las cuales nunca se negociaron en el tratado antes mencionado. Más recientemente, tras un injusto y parcial arbitraje, Francia también se apoderó del único atolón mexicano en el Pacífico, y en la actualidad un pequeño archipiélago frente a las playas del municipio de Tijuana está en riesgo de perderse.

            El territorio insular del país representa una enorme zona marítima exclusiva, aproximadamente un millón de kilómetros cuadrados; es decir, una tercera parte del total nacional. Sin embargo, esos mares ricos en recursos naturales han sido y siguen siendo depredados por extraños que furtivamente se aprovechan de una aún limitada vigilancia.

            En el ámbito global y desde el punto de vista ecológico, las islas tienen gran importancia; basta mencionar que el 15 por ciento de las plantas y animales del mundo son originarios de esas pequeñas porciones de tierra, que en conjunto sólo representan el 5 por ciento de la superficie del planeta. Por desgracia los ecosistemas isleños son muy delicados y vulnerables a la intromisión humana; de hecho, del total de extinciones registradas desde el siglo XVII, el 75 por ciento corresponde a especies insulares.

            Este libro relata experiencias vividas por el autor durante expediciones científicas y de aventura, en especial una que recorrió el Pacífico exterior mexicano. A continuación el autor narrará la historia de islas lejanas y describirá su destacada riqueza natural. Asimismo expondrá las amenazas que enfrentan y tratará de aportar ideas para conservarlas. 

            Otro de los objetivos de este trabajo es recordarle a los mexicanos que más allá del continente hay pequeños territorios rodeados de vastas extensiones oceánicas, que en conjunto son parte integral de la nación. Filones de patria donde héroes olvidados por la historia ofrecieron su vida para salvaguar la soberanía nacional.

            Así entonces, sean bienvenidos a bordo y disfruten esta expedición que redescubre el México de Ultramar.

Antecedentes

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Junio 5 de 2002
CLIPPERTON, ISLA DE LA PASIÓN
Por: Víctor Busteros / Club de Buceo Poseidón


Remoto y olvidado territorio, alguna vez mexicano, en el que eventualmente ondea la bandera francesa. Así definen algunos geógrafos a Clipperton o Isla de la Pasión; atolón de origen volcánico-coralino que tiene una superficie de 7 kilómetros cuadrados y 11 kilómetros lineales de playa, resguardada por un arrecife de coral único en su tipo. La isla está deshabitada y se ubica en el Pacífico Nororiental, al sur de Cabo San Lucas y al oeste de Nicaragua.

            Clipperton fue hasta enero de 1931 territorio insular mexicano, pero tras el fallo de un tribunal internacional con el parcial arbitraje de Vittorio Emanuele III, rey de Italia, la isla pasó a la jurisdicción de la aún más lejana Polinesia Francesa.

            Marinos españoles descubrieron el atolón en el siglo XVI, y por su importancia como referente en la ruta hacia las Filipinas fue anexado inmediatamente a las posesiones de la Nueva España con el nombre de Médanos. Sin embargo, su nombre actual se lo debe a John Clipperton, pirata inglés que operaba en las inmediaciones. Paradójicamente la ilícita actividad del bucanero y otros exploradores como Edward Belcher contribuyeron a la correcta localización cartográfica de la isla, terminando con la confusión internacional del pretendido dualismo entre la isla real y una inexistente “Isla de la Pasión”, promovido por Francia desde el siglo XVIII.

            Las cartas de independencia otorgadas a México transmiten debidamente la propiedad legal del atolón, pero sin una posesión efectiva comprobada, en 1858 el capitán de un barco francés, en ruta a Hawái, levantó un acta de toma de posesión y posteriormente notificó la adquisición, iniciando así la controversia.

            El gobierno de Porfirio Díaz intentó mantener presencia permanente en Clipperton; esfuerzo que dio origen a la legendaria tragedia del capitán Ramón Arnaud, quien con un pequeño grupo de soldados y sus respectivas familias, mantuvo patrióticamente la soberanía mexicana en el lejano territorio, todo ello a pesar de que permanecieron abandonados a causa de la Revolución.

            Hoy en día Clipperton es una posesión francesa deshabitada, prácticamente abandonada, únicamente visitada por expediciones de científicos, aventureros y desde luego por la Marina Francesa. Desgraciadamente pocos mexicanos conocen su historia y quienes han oído hablar de ella la consideran una pérdida más sin importancia. Sin embargo, la isla cuenta con casi medio millón de kilómetros cuadrados de zona marítima exclusiva.

            Independientemente de los beneficios territoriales, si nuestro país recuperara a Clipperton, ampliaría el recién creado Santuario Ballenero Mexicano, pasando de 3 a 3.5 millones de kilómetros cuadrados. Además recobraría el arrecife coralino más espectacular del Pacífico Nororiental y podría evitar que las grandes potencias (Francia y EUA) pretendan utilizar el atolón como basurero nuclear o para realizar experimentos militares.

            Si bien no existe forma de protestar el laudo arbitral de 1931, algunos especialistas en derecho internacional afirman que sí es posible buscar un nuevo juicio, aportando pruebas que avalen la propiedad histórica de México sobre la isla. Igualmente existe la posibilidad de llegar a un acuerdo diplomático que le permita a México administrar junto con Francia el territorio insular y su zona económica exclusiva; opción que sería la más conveniente para ambas naciones, pues sumando esfuerzos resultaría más fácil mantener presencia permanente en el atolón.

            Lamentablemente parece que ni Francia, ni  México, están interesados en Clipperton, situación muy riesgosa porque Estados Unidos en reiteradas ocasiones ha mostrado un discreto interés por el atolón, en el que bien podría hacer valer su famosa Doctrina Monroe: "América para los americanos".
 ***


Así, con la nota anterior, la cual escribí para una revista especializada en temas ambientales, inicia mi relato. De hecho, gracias a ella recibí la invitación para participar en la expedición a las islas exteriores del Pacífico Mexicano, efectuada en abril de 2005. 

            Todo inició en mayo de 2002, cuando como amante de la naturaleza y también como colaborador de la organización ambientalista Greenpeace, recibí con júbilo la noticia sobre el Santuario Ballenero Mexicano, el más grande del mundo, creado bajo decreto del presidente Vicente Fox Quesada. 

            Aquella declaración significó un gran triunfo para muchas personas y organizaciones que durante años habíamos pugnado por la creación de una reserva con una extensión de 3 millones de kilómetros cuadrados, que por lo menos en el papel tiene la finalidad de proteger a todos los mamíferos marinos que viven o visitan los mares mexicanos.

 
          Entusiasmado, me apresuré a escribir sobre Clipperton, pensando que era una magnífica oportunidad para recordarle a la comunidad conservacionista que en el Pacífico existe una isla abandonada, con 425 mil kilómetros cuadrados de Zona Económica Exclusiva (ZEE), que bien podría recuperar México para ampliar su recién creado santuario ballenero. 

            La nota se la envié a Adela López, una amiga que en ese entonces se desempeñaba como directora editorial en la revista Econotas, tres semanas después fue publicada en boletines electrónicos y en una página de Internet. La respuesta de los lectores no se hizo esperar. Decenas solicitaron mayor información a la redacción de la revista. Si bien nos dio gusto que muchos se interesaron en el tema, también lamentamos que muy pocos sabían del heroísmo de un puñado de familias mexicanas que, con muchas penurias, permanecieron en Clipperton resguardando la soberanía nacional.

            Entre los que solicitaron más información había alguien llamado Ray González, quien decía estar trabajando en un proyecto relacionado con La Nao de China, la ruta marítima que durante la Colonia unía a la Nueva España con el lejano Oriente. El señor González se manifestaba sumamente interesado en el tema y Adela decidió darle mi dirección de correo electrónico para que se pusiera en contacto conmigo, aunque fue mucho después cuando me escribió. 

            La primera vez que escuché la historia de Clipperton fue en marzo de 1988, en aquel entonces me preparaba para participar en una expedición del  Club de Buceo Poseidón a las islas Revillagigedo, viaje que organizó y lideró mi padre, el ingeniero Cándido Busteros. En esa época la expedición fue todo un acontecimiento y mucha gente de Guadalajara se interesó, entre ellos el destacado naturalista jalisciense Enrique Estrada Faudón, quien años atrás había realizado estudios científicos en el archipiélago. 

            Previo a nuestra partida hacia el puerto de Manzanillo, donde nos embarcaríamos en el Zapoteco, un buque logístico de la Armada, el doctor Estrada nos ofreció una interesante charla sobre Revillagigedo, haciendo referencia a la geología, fauna y flora del lugar, así como de algunas anécdotas, entre ellas una especialmente interesante, ocurrida a finales de la década de los años cincuenta: resulta que cuando la Armada de México llegó al archipiélago para establecer una base naval en Isla Socorro, los marinos mexicanos se llevaron una gran sorpresa al encontrar instalaciones estadounidenses para rastrear satélites; al respecto, el doctor no dudó en mencionar el caso de Clipperton para resaltar la importancia de no descuidar nuestras islas. 

            Desde entonces indagué sobre la isla en documentos oficiales y algunos libros; en especial uno escrito por el jurista Miguel González Avelar, titulado Clipperton, isla mexicana”, el cual explica las circunstancias por las cuales nuestro país fue despojado de ese territorio insular. Otro titulado La Isla de la Pasión”, una novela de la colombiana Laura Restrepo. Y por último La tragedia de Clipperton, Isla de la Pasión”, libro escrito por María Teresa Arnaud de Guzmán, quién relata los recuerdos de su padre, don Ramón Arnaud Rovira, mexicano nacido en la isla e hijo del capitán Ramón Arnaud Vignon, personaje protagónico de la historia. Además encontré una película de 1941, dirigida por Emilio El Indio Fernández, titulada La isla de la Pasión, la cual está basada en testimonios de algunos sobrevivientes. Y dos documentales, el primero del célebre explorador francés Jacques-Yves Cousteau, filmado en 1980, y el segundo producido en el año 2003 por el empresario mexicano Manuel Arango.